viernes, octubre 30, 2009

El altar zoque: Muestra de que en Tuxtla Gutiérrez no se ha perdido

Estaba buscando información sobre los altares zoques en Google, cuando de repente me encuentro con la siguiente información, la cual habla exactamente de eso:

El Altar Zoque de muertos en Tuxtla Gutiérrez

Impulsado por costumbreros y tradicionalistas tuxtlecos, las celebraciones de “Todos los Santos” (almas chicas) y “Los Fieles Difuntos” (almas grandes), los días 1 y 2 de noviembre, respectivamente, son grandes fiestas tradicionales (mequés) que se continúan conmemorando año con año en el municipio de Tuxtla Gutiérrez.

Los altares dedicados a los muertos, que construyen los tuxtlecos de origen zoque, están constituidos por una mesa de madera adornada con ofrendas, que normalmente es la del altar dedicado a los santos. El 1 de noviembre se le dedica la ofrenda a las almas chicas (Día de Todos los Santos, mismas que llegan el 31 de octubre a las doce del día y se retiran a la misma hora del día 1 de noviembre; y el 2 de noviembre se la dedican a las almas grandes (Día de los Fieles Difuntos), las que llegan el día 1 de noviembre a las doce horas y se retiran a la misma hora del día 2.

Los altares de tradición zoque contienen comidas, bebidas y golosinas, que en vida les gustaban a los difuntos. Se les adorna con cortinas, manteles, papel de china picado (en colores blanco y morado), sahumerio, velas, veladoras, fotografías de difuntos y un somé. Entre las comidas figuran: el Sispolá (cocido), Puxasé (Chanfaina), Ningüijuti (mole de puerco), Sihuamonte (caldo de conejo), caldo de Shuti (caracol de río), Patashete con huevo, Moní (hongo blanco), tamales de Jacoané, de hoja de milpa, de Chipilín con bolita, Pictes de elote, Canané y Ané (tortilla). Las bebidas más comunes son: pozol blanco (popóhujcuy), pozol de cacao (cacáhujcuy), nonó (atole), fuerte (tequila), mistela y un vaso de agua, para los difuntos que llegan cansados y con sed del más allá. Las golosinas más características son: el puxinú (sorgo reventado con miel), yumi (raíz parecida al camote), tsaní-tsinú (dulce de guineo), calabaza en dulce, melcocha (de panela), caballito, jammaní (jobo), yonó (cupapé en dulce), nucuyatí (chincuya) y coyol con dulce.

Entre los panes destaca el de muerto (sin manteca y sin levadura), las cazuelejas, el marquesote y las rosquillas. En el fondo de la mesa se colocan las fotografías de los fieles difuntos y en el centro una cruz de madera custodiada por dos grandes velas blancas.

En la parte alta de la mesa se coloca el somé y un joyonaqué (flor costurada); en el piso, bellamente adornado con juncia, un brasero con mirra, copal y estoraque; cuatro velas blancas sobre tallos de plátano y muchas veladoras, una por casa difunto llamado a visitar y a comer; flores de musá (flor de muerto), siqueté, sosopó y punupunú (flor de lechita); a los lados diestros y siniestro de la mesa se coloca una mata de guineo; y en la parte supeior de la mesa, como ya se dijo, un somé (palo cubierto con hojas de zapote negro), adornado con vistosos panes de muerto, guineos, piñas, sandias, cocos, cañas, mazorcas de maíz y calabaza.

Actualmente, los altares de muertos se han visto enriquecidos con nuevos elementos religiosos y mundanos, de otras culturas indígenas o mestizas.

Esta información me ayudó a saber que en Tuxtla Gutiérrez todavía existen las tradiciones de este tipo. Espero que no se pierdan, ya que, en caso de que pasara, las próximas generaciones no sabrían las costumbres y tradiciones de nuestros antepasados.